¡Toma Asiento!

On 17 septiembre, 2011


Mi silla de bondage o silla dildo es una valiosa herramienta, que uso para atormentar y entrenar en la resistencia a la vez  que afianzo  el control sobre mis esclavos.
Les ayuda a mantenerse llenos y dilatados mientras sus esfínteres se adecuan al nuevo intruso que muy  pronto se integra y es como uno de casa en sus virginales culitos.

 Primero hago que se acomoden en la silla que lleva adaptado un butt plug acoplable. Ellos mismos deben introducir en sus culos el nuevo amiguito sentándose por sus propios medios.  El ritmo es el que ellos y sus esfínteres necesiten, aunque no niego que yo les animo a veces “dándoles una mano” enguatada  con la que manipulo sus miembros. Otras veces es mi látigo corto el que les alienta a proseguir. Debo decir que mi látigo (Cabrón) tiene la gran facultad de abrir hasta las puertas mas cerradas.
Una vez clavados en la silla, les ato fuertemente de la cabeza a los pies, con las piernas separadas, expuestos y muy vulnerables.
Las correas les impiden cualquier movimiento y esta situación, a mis esclavos amantes del bondage y la restricción, les produce un gran placer. Pero muchos otros sufren una segunda y dura (durísima en algunos casos) humillación. Sus pollas crecen y engordan ante su estupor y sorpresa. Lo puedo ver en sus desfiguradas facciones y les humillo por ello.
– Ya veo cómo empiezas a disfrutar igual que una puta, te  gusta tener algo clavado en culo, no lo niegues no me puedes engañar,  se que en el fondo lo estabas deseando.

Simplemente no saben que el objeto que tienen introducido, en esa posición, con la espalda erguida y las piernas separadas, hace que se comprima continuamente su próstata. Y el efecto se nota… se sienten perdidos, humillados y tremendamente excitados.

Aprovecho ese estado de indefensión, excitación  y sumisión para torturar sus pezones con pinzas. Me divierto aplicando bondage en sus testículos, y ya que, estoy, ¿porque no?, añadir unos pesos o algún arnés con pinchos, que castigue su voluntaria, o quizás ya no tanto, excitación.

Puedo sorprenderlos con un poco de todo…. Electroestimulacion, cera, catéteres y todos los instrumentos que me sirvan para anular sus miembros y educarles en el control de sus penes.

Finalmente, sin dejar de torturarles, estimulo sus castigados miembros con la ayuda de un masajeador eléctrico. Pobres e indefensas criaturas que, en ese punto, ya no pueden controlar la excitación. La mezcla de dolor y placer es demoledora, la confusión se apodera de ellos, están realmente perdidos y dependen de mí para sufrir y para gozar.
En el momento en que sus pollas empiezan a explotar, yo retiro el masajeador, frustrando de este modo el placer de mis sumisos y dejando que termine la descarga de liquido de sus miembros sin más estimulo que el dolor.

En la silla de bondage, mis esclavos aprenden a controlar sus impulsos y se acostumbran a abandonarse a mi voluntad mientras yo me divierto.

Entrada desde el punto de vista de mi esclavo mp, en su blog: Ocurrencias de un esclavo de Mistress Natalie

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