Reflexiones de un sumiso

On 7 mayo, 2010

Adorada Mistress Natalie,

Ha pasado una semana desde que tuve la suerte de estar a sus pies.

Visto con la necesaria perspectiva, no puedo más que reafirmar lo que ya sentí cuando salí de Su Reino: la impresión de haber atisbado un mundo que apenas podía imaginar. Todo lo leído, todo lo imaginado sobre Usted, adorada Mistress Natalie, se queda corto. Todas mis anteriores experiencias, que antes del miércoles pasado me parecían sublimes aventuras de Dominación Femenina me parecen ahora juegos de niños.

Es evidente que ya lo sabe, pero me siento obligado a decirle que su forma de estar, de mirar, de hablar, de castigar, de dominar son absolutamente extraordinarias. Aún siento el peso de su mirada, el poder que transmite su voz, el aroma de su piel, el vértigo de su presencia, el sabor de su lluvia dorada, y al recordarlo, siento que me falta el aire, como si aún estuviera ante Usted.

No me queda más que esperar a la próxima oportunidad para servirla, para rozar con la punta de mi sumisión el recinto soñado de Su Reino.

A Sus pies,

Su (ya para siempre y sin remedio) esclavo Oskar

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