La semilla

On 16 octubre, 2010

Resulta irónico, cruelmente irónico, como un hecho, en apariencia nimio, puede llegar a cambiar la vida de una persona. Hasta no hace mucho tiempo, yo era una persona normal y corriente, un tipo del montón con una vida perfectamente clara y ordenada.

Aquella noche, navegando de una manera rutinaria por la red encontré la página web de Mistress Natalie. Una página más, como otras tantas dedicadas a estos temas,  me dije a mi mismo. Sin embargo, hubo algo, un detalle, que me llamó la atención, algo. La página se abría con unas imágenes terriblemente duras de una mujer torturando los genitales de un hombre. A decir verdad, soy una persona bastante aprensiva, así que aquello me causó tal repulsión que cerré la página de inmediatamente. Tratando de olvidar lo que había visto, dirigí mi atención a otras actividades: miré mi correo electrónico, ordené algunos archivos y concluí alguna tarea pendiente. Cuando el cansancio hizo mella en mí, me levanté, di una vuelta por la casa, comí alguna cosa y me marché a la cama. En un principio, todo transcurrió como en cualquier otra noche. Pero, en cuanto mis mente y mi cuerpo se relajaron, aquellas durísimas imágenes que había vista unas horas antes, volvieron a mi mente. No quise darle mayor importancia a este hecho: mañana me habré olvidado de todo esto, me repetí a mi mismo, sin ser consciente de que, desde aquel instante, mi vida habría de cambiar de una manera que jamás osé imaginar.

A la mañana siguiente, todo transcurrió como solía ser costumbre, haciendo mis tareas habituales,.Todo transcurrió como de costumbre… hasta que regresé a casa. En cuanto me puse a trabajar con el ordenador, un impulso interior me llevó a buscar con ansiedad la página de Mistress Nastalie. Allí estaban, de nuevo, aquellas terribles imágenes….. Avancé contenidos y alli apareció, por primera vez ante mi vista, Mistress Ntalie, el ser más hermoso que jamás había visto hasta ese instante. Mistress Natalie no era una belleza al uso, rubia, desgarbada y con unos pechos enormes y absurdos. Era una mujer morena, no especialmente alta, con un precioso cabello ligeramente ondulado. Su mirada era enigmática, desafiante, altiva. Su cuerpo, menudo, era singularmente hermoso y proporcionado. Y sus pies… Los pies de Mistress Natalie eran los pies de una diosa. El dedo grande ligeramente más corto que el segundo dedo, la curvatura de su bóveda perfectamente delimitada, y los talones redondeados y bien definidos.

Y bien, allí estaba yo, un don nadie, con el corazón desbocado. ansioso, viendo a aquél ángel del cielo torturando a un ser humano degradado a la condición de esclavo. El contraste me pareció verdaderamente brutal. La belleza infinita de aquella mujer junto al sufrimiento de un hombre. Seguí avanzando por la web con el corazón latiendo, si cabe, más fuerte. Aparecieron más y más imágenes de Mistress Natalie, vestida con los más atractivos atuendos, golpeando, humillando sin piedad a sus esclavos. Como ya dije antes, soy una persona bastante aprensiva, y la mayoría de aquellas imágenes me dolían, me hacían daño….. pero no podía salir de aquélla página, porque la belleza infinita de Mistress Natalie me lo impedía. Quería verla, deseaba verla,, necesitaba verlas. Es como si aquella diosa me hablara y me dijera “Quédate, no quiero que te vayas, quiero que veas todo lo que tengo para ti. Quiero que te detengas especialmente , y precisamente, en aquellas imágenes que más daño te hagan; no apartes la vista… piensa que yo también estaré en ellas, y eso te hará gozar. Debes entender que el verdadero placer conlleva siempre sufrimiento. Te lo repito, quiero que detengas tu vista en las imágenes que más daño te hagan. Cuando el dolor te resulte insoportable, mira mis pies; míralos y desealos con toda tu alma… eso te dará fuerzas para seguir”.

Ya no pude abandonar aquella página. El sentido común, mi puritana educación, me decían que debía salir de alli,que aquello me conduciría a la perdición, pero un impulso interior me incitaba a seguir. Pensé en mi familia, en mis amigos, en mi vida…… pero luego volvía a ver a Mistress Natalie, y mi mundo se derrumbaba como un castillo de naipes. Me senti perdido, confundido. Aquella niche dormi mal, muy mal; en mi cabeza se entremezclaron toda clase de pensamientos e imágenes; ideas del bien y del mal, del pecado y arrepentimiento. Me propuse firmemente superar todo aquello. Total, a fin de cuentas, Mistress Natalie sólo era un sueño irrealizable, una quimera. Pero he aquí que todos llevamos escrito nuestro destino, y fue el destino quien quiso que pudiera conocer a Mistress Natalie en una red social. En el momento que escribo esto, soy incapaz de recordar con precisión cómo empezó esto; sólo sé que un buen día publiqué un comentario, más o menos trivial, en su muro, y, para mi sorpresa, ella tuvo la gentileza de contestarme. Aquéllo lo trastocó todo: ahora Mistress Natalie no era una quimera, ni un sueño lejano e imposible. Mistress Natalie estaba realmente allí, conversando conmigo

Los siguientes días fueron un  puro nervio. Volvi una y otra vez a su página web, a su blog…. y vi más imágenes. Volvi a ver su mirada seria, su precioso cabello; volvi a ver aquellas manos de ángel, aquel cuerpo menudo, y, claro, volvi a ver sus pies, esos pies que incitan a los pensamientos más impuros, esos pies cuidados, mimados, brillantes de deseo, esos pies que te conducen irremediablemente a la perdición…. Y lei, leí mucho; lei como no he leido en mi vida, devorando las palabras, las ideas, todo. El resultado de aquellas lecturas resultó demoledor, pues comprendí que lo más intenso, lo más fuerte de Mistress Natalie estaba en su pensamiento, en sus ideas, en su manera de ser. Definitivamente, me sentí pequeño y ridículo. Los hechos que he narrado se produjeron en apenas unas semanas. Ahora todo ha cambiado. Para bien o para mal, yo ya no soy la misma persona. No puedo saber a ciencia cierta qué pasará de ahora en adelante, pero sí sé que “una semilla” ya está plantada dentro de mí.

Con el debido respeto, besa Sus Pies con devoción este insignificanrte ser.
H.H.

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