Emasculación a través de la Tortura Genital

On 20 septiembre, 2011

El orgullo de muchos machos se reduce al tamaño de sus penes. Orgullo que debe ser roto.

Hay una frase que me resulta tremendamente divertida y que aparece siempre como una respuesta anticipada a una pregunta que jamás planteo: – “Estoy bien dotado”.

Con esa frase inconclusa el macho da a entender que por el simple hecho de tener un pene de tamaño superior a la media (o eso cree él), es capaz de complacer a cualquier mujer a la vez que se vuelve un objeto de deseo.

El no lo sabe, pero pronto entenderá, que su “motivo de orgullo” me servirá para humillarle.

Es desde los genitales desde donde más fácilmente logro doblegar a un hombre no sólo físicamente sino que además, y lo mejor, psicológicamente le someto, cambiando sus paradigmas y es con eso con lo que verdaderamente siento placer.

Sus queridísimas pollas son realmente su punto más débil especialmente si es donde centran toda su sexualidad.

El tamaño de sus miembros me trae sin cuidado, pero saber que están tan orgullosos de sus cositas, me facilita la inmersión de la afectada criatura a la sumisión, y es que precisamente ese motivo de orgullo les hace vulnerables ante Mi.

Por lo que a mí respecta, si tienes un pene y uno o dos huevos, ya estás perdido. Te voy a joder y no imaginas cómo.
Me complace controlar los impulsos del macho, a través de la anulación de sus genitales aplicando severos correctivos por medio de la tortura genital.

Unos huevos, bien atados,  durante  unos minutos,  algo tan elemental como un bondage, cambia de forma inmediata  el modo de pensar y de sentir de los machos.

Cuando ato sus testículos me gusta hacerlo separando al máximo los huevos de la base y entre si. Esa aparentemente inofensiva técnica se convierte en una atroz tortura, la constricción de la base de los genitales les obliga a mantener la erección, sus miembros permanecerán siempre duros, la cuerda evita que la sangre vuelva al torrente sanguíneo con normalidad y  la erección aumenta paulatinamente,  cuanto mayor diametro alcanza la polla la cuerda se tensa más y por supuesto los testículos sufren más dolor.
Se debaten entre el dolor y la excitación por la involuntaria erección.  No pierden su virilidad, pero sí el orgullo. El dolor aumenta ante la erección.

Poco a poco, voy cercando sus “dotados” genitales, con mis también dotados y contundentes castradores; objetos tan complejos como el humillador, el Cascanueces o Chaikovski, los paracaidas para testículos, el Acrylic ball crusher. Los cepos para genitales, son también muy efectivos para mantener a mis esclavos bajo control.
Con la excitación producida por la involuntaria erección, sus penes se hacen sensibles a cualquier estimulo, es muy fácil que eyaculen con el mínimo roce, y esto no me interesa, no deseo ver salir el liquido de sus pollas, me gusta tenerlos en ese estado, dispuestos a todo, perdidos y sumisos. Así que someto sus penes a una nueva tortura de forma que la excitación les sea dolorosa, lo hago con arneses con pinchos, el cilicio, cera caliente, argollas con pinchos que se clavan al aumentar el tamaño del miembro.
Se retuercen de dolor, y ponen todo su empeño en reducir el tamaño de sus atormentados penes, una labor, por cierto, completamente inútil; una vez empezado mi proceso de castración ya están perdidos, está en mis manos y no en las suyas detener el dolor o no. Pero no deja de ser un buen espectáculo, ver como luchan infructuosamente contra algo que ni tan siquiera entienden.
Finalmente se rinden a la poderosa mezcla de excitación y dolor (masoquismo) esa puerta una vez abierta es imposible de cerrar, la necesidad del dolor, de tortura, se vuelve una constante en sus vidas, y entienden que debo ser yo quien les someta dichos suplicios.

Una vez torturados sus miembros les enseño una nueva forma de placer, una que jamás imaginaron y que nunca olvidaran…

Cuando sus miembros están descontrolados y goteando decido que es el mejor momento para follarlos.

Me acerco a sus oídos y les advierto que les voy a follar, sus rostros reflejan complacencia, piensan que por fin  ha llegado su premio. En el momento en que les enseño el objeto que muy pronto estará dentro de sus pollas sus facciones cambian por completo.

-¿Esto no te lo esperabas verdad?
Introduzco un fino y largo catéter a través del meato uretral de sus miembros erectos, ese diminuto pero flexible agujero acoge mi catéter como si de un coño se tratara. Suave pero firme lo deslizo hasta llegar a su “punto G”, la próstata y la estimulo desde dentro con movimientos rítmicos. Complacida veo cómo rápidamente se acostumbranal nuevo elemento,  mueven sus caderas buscando una penetración más profunda e intentan que no saque mi “dildo” de sus nuevas vaginas. Les humillo con ello, les hago verse, les aliento a seguir.

– ¿Ves lo que hago con tus dotados genitales? ¿a que te gusta? ¿Dime ahora qué eres?

Reconocen que son mis esclavos, mis putas, que no quieren dejar de serlo. Me ruegan que no deje de follar sus pollas….

No entienden lo que les ocurre, sólo tienen la sensación de un interminable orgasmo. Se sienten humillados, sus pollas están siendo torturadas y folladas y, sin embargo, no pueden dejar de sentir placer.

CBT

Follando tu Pequeño Agujero

Ahora ya sabes de que forma y cuanto disfruto con tus “dotes”

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