Mientras sirves mi café

On 13 octubre, 2010

Es interesante…
Has pasado de rechazar la diminuta celda de silicona a desearla… Esto sólo ha ocurrido después de alternar su uso con la funda de cuero con pinchos en su interior.
Es igual, lo que me interesa realmente son los efectos demoledores en tu cerebro, la perturbación de tu cuerpo y de tu mente, que te conduce a la más absoluta sumisión.

No te preguntas cómo es posible que, a pesar del dolor, logre obtener cualquier cosa de ti…. ¿Porqué razón no consigues controlar tus erecciones, a pesar del fuerte dolor que te producen?
Y, es que no se trata simplemente del dolor. Te has hecho adicto sin saberlo a ciertos elementos, que, de forma sutil, he ido introduciendo en tus momentos de máximo placer: Olores, texturas, prendas de vestir, sonidos, frases…Elementos cuidadosamente elegidos y que ahora necesitas y a la vez te torturan.
Ya no puedes controlar tus impulsos, desconoces el origen de tu excitación, luchas sin saber contra que, e intentas abstraerte del placer.

Me gusta observar tu infructuosa guerra, mientras me ocupo de incluir nuevos fetiches que te conducen a una nueva e incontrolable excitación.

Ahora, cuando la funda de piel abraza tu polla, puedo saber exactamente en qué grado de excitación te encuentras…

Algunas veces esa excitación se manifiesta en un pequeño gesto de tu cara (cierras los ojos y aprietas fuertemente los labios), como cuando dejo que te acerques para que sientas el suave tacto de mi gabardina de piel favorita (tu favorita) .

Otras veces, el gesto se transforma en una mueca de dolor, tu cabeza se agita en todas las direcciones, cierras los ojos con fuerza, aguantas la respiración y, aunque lo intentas, no consigues abrir los ojos por completo. Esto ocurre siempre que dejo reposar los pies, calzados con mis Louboutin de salón negros, sobre tus piernas. Tal vez sea la erótica mezcla de la suela roja y el tacón de 14 centímetros de mis zapatos lo que te excita o quizás sea la presión que hago con ellos en tu entrepierna.

Mi mayor satisfacción llega cuando te veo más confuso y excitado, tienes toda tu atención puesta en mí, te esfuerzas por disimular una evidente excitación. Cierras y abres los ojos continuamente. Mientras tragas saliva tu gesto es claramente suplicante, pero intentas mantener la dignidad, hasta que la parte superior de tu cuerpo, poco a poco, se inclina como en el ojigi más reverente y, en un acto inconsciente pero natural, clavas tus rodillas en el suelo y besas mis zapatos con abnegación.
Ya no cabe duda, puedo hacer lo que quiera contigo…

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