Látigo largo, antídoto infalible contra la pereza

On 9 septiembre, 2010

Me doy cuenta que, en algunas ocasiones, no te esmeras lo suficiente en cumplir mis ordenes. Y debo recurrir a métodos más persuasivos.

Mi fino, flexible pero infalible, látigo largo consigue siempre los mejores resultados.

Es sorprendente cómo, en unos cuantos minutos y movimientos de muñeca, surge la tenacidad donde parecía gobernar la pereza y la ley del mínimo esfuerzo.

A medida que las señales de tu cuerpo se suman y multiplican, la petición de una nueva oportunidad surge a manera de suplica. Piensas que es suficiente, que ya lo has entendido, crees estar preparado para volver a intentarlo.
La mala noticia es que ahora no depende de ti y, hasta cuando yo considere que estás suficientemente motivado, mi látigo no dejará de enseñarte la forma correcta de actuar. Y cuando haya terminado, habrás comprendido lo fácil que resulta cumplir una simple orden.

La próxima vez, sin duda alguna, serás más considerado, pondrás todo tu empeño e interés en complacerme, ahorrandome tiempo y esfuerzos innecesarios.

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