Tratamiento con Strapon

On 10 enero, 2013

No siempre el placer se encuentra donde tu crees… Yo se exactamente donde está el tuyo… Y es un  placer que jamás has sentido…

Ni siquiera los mas escépticos esclavos respecto a la penetración anal se han resistido al poder de mi tratamiento con strapon.

Puedo presumir de haber desvirgado tantos culos, y lo que es mejor, haber vuelto adictos al “placer de mi strapon” a muchos sumisos. Ellos descubren que hay un placer más allá del orgasmo, y que sus pollas no son necesarias.

Es siempre una sorpresa para ellos, cuando sus pollas gotean debido a la penetración anal.

Y es que no pueden negarse al  tratamiento con strapon, tal y como yo lo planteo:

Después de someter a mis criaturas a un periodo largo de castidad, les hago comprender, que mi strapon es su única posibilidad de alivio.

Mientras estimulo sus próstatas  les niego cualquier estímulo placentero en sus pollas, hasta que, poco a poco, empiezan a asociar el placer única y exclusivamente con la penetración anal.

La situación les excita a la vez que les resulta tremendamente humillante. Pienso que muchas veces la excitación es producto de la humillación. El caso es que ambas están garantizadas con el uso del strapon y, por supuesto, mi placer.

 

El uso del strapon les excita y frustra.

Es excitante porque para nadie es un secreto que en la próstata hay una serie de terminaciones nerviosas encargadas de transmitir placer y yo me ocupo de estimularlas debidamente con mi strapon. El resultado es de esperarse, un  placer sin más limite que el que yo desee.

Es frustrante porque ellos se encuentran todo el tiempo al borde del orgasmo, cosa que no ocurrirá. Las gotas densas e hilos de liquido en sus miembros mientras les follo NO son producto de un orgasmo, en realidad, están siendo ordeñados, una y otra vez,  incluso sin estar completamente excitados.

Ellos observan impotentes, cómo el liquido seminal comienza a salir, sin que  puedan hacer nada para evitarlo o controlarlo.

 

Pasado algún tiempo mis esclavitos pasan de rechazar y resistirse al strapon a tolerarlo, y, finalmente, desearlo.

La castidad, y el impedirles un desahogo distinto a la penetración anal, les convierte en putitas muy calientes, que ponen su culo de forma espontánea porque necesitan ser folladas.

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