Estambul; Un viaje de placer y de dolor.

Después de un tiempo de insistir accedí a la invitación que me hacia para conocer Estambul.

El es uno de mis esclavos personales. Un hombre sumamente atractivo, soltero, acostumbrado a que las mujeres se rindan a sus encantos y, a pesar del tiempo que lleva viniendo a verme (tiempo que debería ser suficiente para conocerme), albergaba la esperanza de obtener de mí aquello que siempre había soñado y que siempre había conseguido de todas las mujeres que se habían cruzado en su camino. Pero el destino le tenía preparado algo bien distinto.

Se trata de un cazador, un experto en el arte de la seducción, que cuenta con todas las herramientas y los medios para conseguir lo que se proponga. Pero se iba a enfrentar a su mayor reto y, por una vez, no lo conseguiría.

Cuando llegué a Estambul, allí estaba él, esperando desde hacia ya unas cuantas horas. Más adelante me confeso que la espera le había resultado larga, pero muy excitante.

Llegamos al hotel (uno de los mejores de Estambul). Mi primera sorpresa y su primera decepción. Ví que había cogido una habitación con una cama de matrimonio. Intenté que nos dieran otra habitación para él, pero el hotel estaba lleno en esas fechas así que acepte que durmiera en mi habitación.

Dejamos el equipaje en la habitación y nos dirigimos a el restaurante que tenia reservado para comer, un moderno restaurante estilo Chill out, con comida típica de la zona, ubicada cerca de la Mezquita Azul. Nada más sentarnos le entregue una caja pequeña, le he dicho que se trataba de mi regalo y que deseaba que lo llevara puesto durante el tiempo que estuviéramos en Estambul y que si el lo deseaba podía llevárselo y usarlo siempre. Se alegro mucho de que su Ama hubiese tenido un detalle tan bonito con él y me lo agradeció. Le advertí que debía abrirlo en el baño y ponérselo leyendo las instrucciones que le había introducido en la caja.

Se dirigió al baño feliz, pronto entendería que mi regalo escondía un fondo mas perverso y que sus ansiadas vacaciones se iban  a convertir en un proceso de adiestramiento para la esclavitud.

En aquellas fechas el ahora tan famoso CB no lo era tanto, pero yo lo descubrí en una de mis visitas a la feria Fetish de Berlín y, por supuesto, compre unos cuantos porque me pareció el perfecto elemento para conseguir la sumisión de mis esclavos más activos sexualmente. Me había propuesto conseguir de ellos la entrega total a mi voluntad y por primera vez iba a comprobar los efectos devastadores  de este objeto en la mente de uno de mis esclavos.

Cuando mi querido esclavo regreso del baño, su cara ya no era la de un hombre feliz, ahora se mostraba sombrío, intranquilo. Le dije que podía estar  tranquilo, que muy pronto dejaría de sufrir, que ese pequeño objeto de plástico no debía estropear sus vacaciones y que se concentrase en nuestra comida.

Le pregunte qué le parecía mi vestido, me había puesto un bonito vestido de piel muy suave, con escote palabra de honor, muy ajustado, hasta la rodilla y con una abertura que dejaba ver mi pierna derecha, o parte de ella, pues llevaba puestas una medias negras con ligueros, los cuales quedaban a la vista al sentarme. De repente su rostro empezó a desencajarse. Una mueca de dolor que debía estar disimulando cada vez que el camarero se acercaba a preguntar o a traer algo y muchas veces sin excusa lógica, pues el camarero no podía mirarme a los ojos, alternaba la mirada entre mi escote, mi pierna derecha y una libreta que llevaba en su mano.

Durante la cena me suplico que por favor le quitase el CB, que no entendía porqué se encontraba tan excitado. Le hice entender que debía cumplir con lo que me había prometido, que el CB estaría allí hasta que yo lo deseara. Me confeso que creía que era imposible, que no lo iba a soportar, que, en su vida diaria, cuando pensaba en mí, debía masturbarse varias veces al día y que, estando yo tan cerca de él, esa necesidad se hacia aún mayor.

No hice caso a sus palabras, salimos del restaurante y su actitud altiva y orgullosa había cambiado radicalmente, era como si el CB tirase de su cuello hacia el suelo, su mirada siempre baja y su cabeza inclinada.

Dimos un paseo y al cabo de media hora decidí entrar en un bar a tomar una copa de vino. Como me sentía cansada puse mis pies calzados (con unos zapatos de salón con tacones de 12 cmts) clavándolos en los genitales de mi esclavo. Su excitación era tanta que en algún momento pensé que se iba a correr y eso no se lo perdonaría, así que hice que me quitase los zapatos para que me diera un masaje en los pies.

Volvimos al hotel y le ordene que se desnudase. Debía prepararme un baño, ya que no había llevado a mi doncella en esta ocasión y él debería ocupar su lugar. Le ordene que me desnudase con mucho cuidado, como hace mi doncella, y así lo hizo. En todo momento observaba su polla enjaulada y parecía a punto de reventar el CB. Puedo imaginar el dolor que le estaba ocasionando su excitación, pero él debía controlar sus impulsos. Es parte del proceso de aprendizaje, debe sufrir para que entienda que mi deseo es que se olvide del placer en su polla, que ese placer es doloroso.

Le ordene ponerse de rodillas delante de mí y usé su boca como lavabo para escupir los restos de pasta dental de mi boca. Cuando terminé de limpiar mis dientes me metí en la bañera. El me trajo una copa de vino y, mientras enjabonaba y masajeaba mi cuerpo estando de rodillas cerca de la bañera, su rostro cambiaba por momentos, en algunos era de dolor y en otros parecía encontrarse en un estado de  placer.

Salí de la bañera, y cuando estaba envuelta en la toalla, me suplicó que le liberase de ese dolor que se le hacía insoportable. Le dije que solo había una manera de olvidarse de su polla y que debía ser él quien me lo pidiera. Sólo con mi látigo, concentrando su atención en el dolor que le proporcionaría podía olvidarse del CB. Yo sabía que mi esclavo no es un masoquista, que su tendencia es sumisa y fetichista y que el látigo le iba a ocasionar un gran daño, pero ambos sabíamos que no había otra salida para aliviar su polla. Le note poco convencido, pensé que tal vez no estaba pasándolo tan mal si no pedía el alivio de mi látigo.

Le até cerca de mi cama, de rodillas, pues quería descansar un poco. Le ordené que me despertara a las 6 para poder prepararme para ir a cenar.

A las 6 en punto me despertó, suplicando que usara mi látigo en su cuerpo, que hiciera lo que quisiera con él pero que le ayudase a aliviar el dolor de su polla.

Le ordene entrar conmigo al baño y le hice estirarse boca arriba en la bañera, me senté en su cara y le hice tragar mi lluvia dorada. Le expliqué que para eso estaba ahí, para hacer lo que yo quisiera con él, que no hacia falta que me lo dijese, que era mi esclavo y para eso están los esclavos, que aun tenia mucho que aprender. Le deje en la bañera mientras me vestía.

Pero necesitaba su ayuda para subir mi cremallera, así que abrí el agua fría para que se duchase bien pero de forma rápida. Así lo hizo y al terminar me ayudo a terminar de vestir.

Al terminar le dije que me esperara de rodillas sobre la butaca de la habitación.

Ya estaba preparado para recibir mi látigo en sus nalgas y su espalda. Le ordené contar los latigazos, dejé que mi látigo alcanzase su cuerpo en 100 ocasiones. Le advertí que sería así siempre.

Ahora parecía mas tranquilo, el látigo había aliviado el dolor en su polla.

Salimos a cenar, pero antes dimos un paseo por la ciudad. Quienes conocen Estambul saben lo maravillosa que es por la noche.

Mi esclavo había reservado para cenar un restaurante con preciosas vistas al Bósforo. Nuestra vista era limpia, sin obstáculos, lo que ayudó a que la cena, al menos para mi fuera agradable. Durante nuestra cena el sol desapareció delante de nuestros ojos. El espectáculo fue perfecto.

La conversación que mantuvimos durante la cena subió la temperatura de mi esclavo y muy pronto lo que habíamos conseguido con mi látigo, desapareció. De nuevo mi esclavo se encontraba en excitación continua, una excitación incontrolable que le producía dolor, no podía controlarse. Le explique que a partir de ahora su placer dependería de mí, que yo decidiría en que momento y cómo iba a permitirle ese placer y que él sólo tenía que preocuparse de complacerme ya que con esto, que parece simple, tenía bastante, pues no resulta fácil llegar a hacerlo.

Terminada la cena, nos acercamos a la zona del tan famoso mercado de las especias. Nos topamos con un bar que más parecía una cárcel para bandidos de siglos pasados, las paredes abovedadas, con algunas ventanas que en su momento fueron tapiadas pero que conservan sus antiguas rejas, en fin… un ambiente que ayudaba a la opresión de mi esclavo y que a mí me resultaba realmente divertido. Le entregue un nuevo obsequio a mi esclavo. En esta ocasión su gesto fue de autentico terror. No podía imaginar una situación peor para él en ese momento. Ya sabes, las instrucciones están dentro, ve al baño y sigue mis instrucciones, le dije.

Esperé en mi mesa, con mi copa de vino y una vela de color amarillo, pues la iluminación en el bar era sólo con pequeñas velas que apenas dejaban ver siluetas, sólo estando muy cerca las caras se hacían evidentes. Ha tardado en regresar, pero lo pude entender, jamás se había introducido un anal plug, aunque este no era especialmente grande, sí podía llegar a serlo ya que viene con una discreta manguera por donde entra el aire. Esta era lo bastante larga como para llevarla en mi bolsillo.

De nuevo había conseguido someterle, humillarle, su actitud era ahora la de un sumiso, reconocía el placer que sentía por la situación que le estaba haciendo vivir, pero a la vez ese placer se convertía en dolor por la presión que ejercía el CB en su pene. Le dije que pensara que el CB era como mi mano apretando y controlando su polla todo el tiempo y me dijo que eso era aun peor, que pensar que toda esa situación era para mi placer. Que veía cómo me divertía en su estado y que esto lo excitaba aun mas, solo había pasado un día en esa situación, faltaba toda una noche y un par de días mas. Para mí era poco tiempo, pero tal vez él no lo resistiría.

Regresamos al hotel. La noche que le esperaba jamás la iba a olvidar.

Segunda parte


Y así, como intento hacer siempre, con los primeros rayos del sol, me he despertado.

Esta vez la silueta de mi esclavo, que se encontraba de rodillas con las manos atadas a su espalda, interrumpía la rutina de mi despertar. Ahí estaba, tal y como lo había dejado la noche anterior, después de hacer que se desnudase, ponerle de rodillas y explicarle que si la noche iba a ser larga para el, yo no tenia porque enterarme hasta el día siguiente, cuando me interesara por el.

Le hice entender que el sueño era reparador para mí y que no permitiría una interrupción por su parte. Le pregunte que si iba a necesitar ponerle un bozal, ya que nunca consigo dormir si hay el más mínimo ruido… Su respuesta fue que no sería necesario. También le dije que, si bien tenia mi permiso para dormir e intentar descansar, no debía hacerlo antes de que yo entrase en el más profundo sueño y que debía estar de rodillas cuando yo despertase.

Así lo hizo.

Me gusto comprobar cómo su polla continuaba aprisionada en el CB, la humedad en ella y el pequeño charco en la alfombra desvelaban la excitación que había tenido que soportar durante toda la noche.

Me suplico una vez más que quitase el CB, que podría hacer lo que quisiera con él pero que le liberase. Le dije que aun no había aprendido todo lo que debía aprender. Que no era el momento de quitárselo. Le pregunte por su noche. Confesó que no había conseguido dormir, que se sentía cansado, que la noche anterior tampoco había conciliado el sueño pues había estado  pensando en mi, que, cada vez que encontraba la comodidad, la excitación llegaba y con ella el dolor, que entonces buscaba la incomodidad y se ponía  de rodillas pero al verme dormida, sabiéndome desnuda dentro de las sabanas su excitación era aun mayor y entonces volvía a intentarlo estirándose en el suelo, intentaba pensar en otras cosas pero cualquier intento era inútil. Sólo podía pensar en mí, en lo que podría hacer con él y ese pensamiento le excitaba a la vez que atormentaba.

Su tono era el de un hombre sometido, sumiso pero no lo suficiente, la polla seguía siendo el centro de su atención, aun tenia que conseguir que se olvidase por completo de ella.

Una vez mas, tenia que prepararme el baño y enjabonarme en la postura que le había enseñado el día anterior. Al terminar con mi baño, le ordene ducharse con agua fría, ya que eso calmaría algo su excitación, después debía bajar a buscar mi desayuno y el periódico español que habíamos solicitado en el hotel nada mas llegar.

El desayuno fue tranquilo, conseguí que se relajase un poco, mientras me leía el periódico. Después bajamos a dar un paseo.

Un recorrido en el que intentamos ver el museo que alberga la catedral Santa Sofía, pero ese día se encontraba cerrado, por lo que rápidamente tuvimos que camiar de planes e ir a visitar el palacio de Topkapi. Aunque mereció la pena el cambio de planes, mi esclavo tenía que recibir un castigo por no haberse informado y así se lo hice saber.

Fuimos  a comer a un restaurante  de pescadores, cerca del muelle de Karakoy. Durante la comida le pregunté por su estado, mientras clavaba mi tacón en sus testículos. Una vez más, mi escote llamaba la atención del camarero, mucho más que la evidente actitud sumisa de mi esclavo, ya que éste no se atrevía ni a elegir el vino. Una pareja extraña, seguramente seria la conclusión del camarero, al intentar en varias ocasiones de dirigirse a mi acompañante, sin obtener una respuesta distinta a una  pregunta que dirigía a mí, como si de un simple e innecesario traductor se tratase. El camarero repetía las preguntas al hombre y este una vez más convertía una respuesta en una pregunta a su ama, finalmente el hombre entendió que mi esclavo no tenia voz y voto y si quería una rápida respuesta a sus preguntas debía dirigirse  a quien realmente  tomaba las decisiones. Yo, para confundirlo aún más, respondía a sus preguntas mirándole fijamente a los ojos y hablando en castellano, al lado escuchaba simultáneamente la respuesta en ingles, pero el esclavo no quitaba la mirada de su ama y el camarero tenia dificultades para quitar sus ojos de mi escote.

Me dirigí al baño de donde traje un pequeño frasco lleno con mi lluvia dorada. Bebí el vino de la copa de mi esclavo y la rellene con el contenido del frasco.  – Bebe, pero debes hacerlo de forma lenta, no quiero que malgastes mi lluvia como si de  una vulgar bebida se tratase.

El esclavo no se lo podía creer, estaba en un lugar publico, sometido sin que nadie pudiera darse cuenta de su estado, con su polla encerrada en un CB de plástico y ahora bebería mi lluvia dorada como nunca podía imaginar. Su excitación fue tal que, una vez mas pensé, que eyacularía en ese mismo instante. La respiración agitada, los ojos perdidos, las manos apoyadas  y sujetando los bordes de la mesa como intentando soportar un dolor terrible, pero que a la vez deseaba para que ayudase a controlar su excitación. En más de una ocasión el camarero intentó rellenar la copa de mi esclavo con vino y, mientras cogía la botella, yo observaba a mi esclavo con esa mirada que no dejaba lugar a dudas, éste extendía rápidamente su mano poniéndola sobre la copa sin dar explicación alguna al camarero.

Volvimos al hotel, necesitaba descansar y recuperar energías para la tarde que nos esperaba, que incluiria un merecido castigo.´-.<-´.<,

Tercera y ultima parte

Finalmente, el cansancio le venció y logró quedarse dormido. Encogido, indefenso, sumiso, desnudo, encerrado, sobre la alfombra y cerca de mi cama. Junto a su polla, un pequeño charco de líquido seminal que se forma del constante goteo que sale por el pequeño orificio del CB.

Ahora que su cuerpo está relajado, la excitación acumulada por su cerebro no tiene freno. Por fin he conseguido que su cerebro sea el principal órgano sexual. Se ha rendido, su polla ya no lucha, el dolor es parte del placer o es el dolor el que le produce dicho placer o tal vez sea la humillación a la que se encuentra constantemente sometido. No está seguro de nada.  Todo se agolpa, se mezcla, pero sabe que nunca había estado mejor.

Ahora  ya no se reconoce en el hombre seguro, lucido,  prepotente, conquistador y seductor que aterrizó en Estambul.

Ese hombre ahora duerme, se encuentra en algún lugar, sólo saldrá de nuevo cuando no se encuentre a mi lado, entonces volverá a ser ese hombre, el que es, el que no dejará de ser con el resto del mundo, pero ya no lo será  nunca más conmigo.

La incapacidad de estar duro y completamente erecto, unido al dolor constante y a la humillación al sentir cómo su equívoca masculinidad se encuentra gravemente herida y su personalidad fragmentada, son cuestiones que le han roto los esquemas.

Se espera un castigo…Pero tendrá algo peor. La humillación máxima de su ego. No podrá rechazarme porque gozará mientras sufra.

Le despierto golpeando su cuerpo con mi pie. Le indico que debe ponerse de rodillas en el borde de la cama. Llevo puesto un corpiño de látex, una falda estrecha y larga con una profunda abertura que deja ver la parte de mi pierna más cercana a la ingle, pues unas medias de seda negras cubren casi la totalidad de mis piernas. Por encima de la rodilla sobresale un dildo leg bracelet (dildo de goma negra, diseñada para ajustarse a la pierna).

Le ordeno hacer una felación a mi dildo leg bracelet con sus manos a la espalda. Cumple mis órdenes mientras le digo que espero que lubrique bien, que ese dildo, en cualquier momento, llenara su otro agujero, que más le vale que se esfuerce.

Con un rápido gesto, giro su cabeza y hago que apoye su frente en la cama. Separo sus piernas. Se ha convertido en un autómata, en su estado ya no piensa, simplemente se deja llevar por mí.

Le hablo muy cerca de su oído, le recuerdo cual es su actual estado  y que ahora puedo hacer lo que me apetezca con él. Si quiero, puedo convertirlo en mi puta.

Me estiro en la cama con las piernas estiradas, dejo que mis pies calzados con unas sandalias con altísimo tacón descansen muy cerca de su cara, le sigo hablando, hago que de vez en cuando levante la mirada, que observe mi dildo. Observa, es enorme, muy pronto estará dentro de ti, al principio te dolerá, sabrás lo que se siente cuando eres penetrado por un objeto tan grande, pensaras que es imposible que entre por completo en tu agujero, pero pronto te acostumbraras a él y cuando sientas la presión que ejerce en tu próstata, empezaras a disfrutar,  la excitación será tanta que tu polla intentara levantarse, entonces sentirás la presión del CB y sufrirás pero no querrás que pare, elegirás soportar el dolor y la humillación, pero debes esperar. Piensa en ello.

Le ordeno que gire la cabeza y se observe en el espejo, que se encuentra ubicado frente a la cama. En ese instante la excitación y el dolor se mezclan y le obligan a bajar la cabeza  la excitación por la nueva situación es excesiva.

Al bajar la cabeza  se encuentra con mis pies, que besa mientras susurra que me pertenece, que quiere vivir en ese estado el resto de su vida y que puedo hacer lo que quiera con él.

Le ordeno que no hable, que mientras adora mis pies debe estar en silencio, que quiero que contraiga y dilate su esfínter, que no olvide que esta atravesado por el butt plug, puedo observar como su polla se rebela contra el CB, veo los intentos constantes de erección y el hilo de liquido seminal que no deja de salir y llega hasta el suelo.

No dejo de hablarle, follo su cerebro, le explico que es así como quiero tenerle, que me gustaría enseñarlo a mis amigas, que estoy pensando en hacerlo la próxima vez que venga a verme a Bilbao. Le aseguro que verle humillado y hundido es mi mayor placer. – ¡Besa ahora el tacón de mis sandalias y sigue moviendo el culo!. ¡Fóllate!, pronto estarás tan dilatado que mi dildo entrara fácilmente y eso es lo que quiero. Pronto vas a correrte, tendrás una eyaculación sin estimulo en tu polla, será tu primera vez y nunca podrás olvidarla, a partir de ahora necesitaras el estimulo de mi voz para excitarte, no podrás evitarlo, cada vez que escuches mi voz tendrás una erección y a una orden mía te correrás. ¿No me crees verdad? Pronto lo comprobarás.

El esclavo no piensa, se encuentra en el submundo, ya no necesita, no desea, terminar.

Le ordeno que se estire en el suelo boca arriba, me quito la falda  y me siento en su cara, con las piernas estiradas, de manera que mis sandalias quedan sobre la polla encerrada.

Le explico que pronto terminara todo, en ese momento noto como su cuerpo convulsiona, se agita, le escucho jadear y  su polla descarga una gran cantidad de líquido denso, es un orgasmo largo.

A partir de ese momento sigue viniendo a mí, hemos hecho varios viajes más, juntos, pero su actitud de principio a fin ya no es mas la de aquel primer día en Estambul. Sabe bien que el camino al máximo y verdadero placer es largo y doloroso, pero ya no piensa en el final de ese camino, ahora para el placer está en el recorrido y en la entrega total a mi voluntad.

 

By Mistress Natalie Wanda

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