ElectroMilking

On 13 Diciembre, 2013

Mistress Natalie .   Mi esclavito atraviesa por un nuevo y  pertinente periodo de castidad, que como siempre le esta resultando difícil de sobrellevar.

Sus altos niveles de testosterona no le ayudan demasiado a mantener a raya sus pensamientos lujuriosos y apetito sexual, por lo que vive en un estado de continua excitación y frustración.

Adoro saberle tan jodido por mí, disfruto con su frustración, aunque soy perfectamente  consciente de que su castidad no es un gesto del todo altruista. Acepta la castidad para obtener mi atención, no hay nada que desee más que satisfacerme y además sabe perfectamente que solo yo puedo proporcionarle el verdadero alivio.

He decidido darle un descanso en su proceso de castidad, lo que no significa un cese de ella.

Por supuesto tampoco se trata de permitirle un orgasmo y es perfectamente consciente de ello.

Le he preparado y entrenado para que evite la expulsión de líquido de forma descontrolada y violenta, pero cómo suelo recalcar, es importante mantener en buen estado las tuberías de las criaturas masculinas por lo que, de vez en cuando, hay que ayudarles a vaciarlas.

 

Ya lo sabes: me gusta extraer su viscoso líquido lentamente a través del milking… pero he observado que durante los últimos dos ordeños contrae sus músculos en busca de placer. En definitiva; mi listilla criatura desafortunadamente ha aprendido a disfrutar con el ordeño. Yo he consentido su absurda actuación muy a mi pesar, mientras encontraba el más retorcido, sofisticado y eficaz método que sirva para persuadirle definitivamente de abandonar sus impulsos de macho.

Ha llegado el momento de que experimente mi nueva perversión; el ElectroMilking

 

Le invito a que se ponga en una postura sumisa, con las piernas separadas y exhibiendo y separando sus nalgas, de modo que me sea cómodo lubricar y dilatar lentamente su agujero con mi mano enguantada, introduzco uno, dos, tres dedos mientras le obligo a ponerse a cuatro patas de modo que pueda follar con mi mano su culo.

Cuando sus esfínteres se encuentran completamente relajados, introduzco un electrodo en forma de butt plug. Me mira sorprendido, el objeto no le es familiar, pero disfruta de la sensación de tener su culo abierto y completamente lleno.

Dejo que se acostumbre mientras conecto dos de los cables del trifásico al but plug sin encender aun el ET312B.  Se encuentra tan distraído y absorto en su placer que no se preocupa de lo nuevo de la situación. Le permito que disfrute, mientras empujo el dildo y lo ubico correctamente en su interior. Noto cómo el líquido prostático empieza a salir, lenta pero constantemente, lo que indica que el dildo se encuentra en el lugar que deseo.

Le conduzco hasta el rack, le ato y tranquilizo. Veo cómo se relaja. Es alucinante cómo en ese momento el líquido empieza a salir por su polla de forma abundante a causa de la presión  del “invitado” en su culo sobre su próstata. Aprovecho la nueva postura (expuesto y boca arriba) y la lubricidad de su uretra para introducir en ella un catéter eléctrico: entra suave hasta el fondo, como si de un pene entrando en una lúbrica vagina se tratara. Ahora experimenta doble presión en su próstata, la perfecta doble penetración, la perfecta puta.

 

Es el momento oportuno para enchufar el tercer cable del trifásico al catéter, encender el ET312B y encontrar el programa adecuado en las intensidades correctas para realizar el ElectroMilking e impedirle cualquier posibilidad de autocontrol.

Ahora la emisión deja de ser del todo placentera. Las sensaciones, excitación y dolor, cambian y se mezclan en continuación.

Se encuentra confuso. Es innegable el placer, pero también lo es el dolor y no puede renunciar a uno sin perder el otro. A ese punto el cortocircuito de su cuerpo está afectando su capacidad de reacción.

Nota cómo sin poder controlarlo su polla, sus esfínteres y su próstata se encuentran en continua  actividad.

Ahora  ha entendido que lo que busco con el milking no es precisamente su placer, sino el abandono total de su voluntad a mi autoridad, su entrega y sumisión.

El líquido sale de forma continua y en abundancia, se lo enseño, le hago ver lo húmedo y excitado que se encuentra, no puede controlarlo o evitarlo y tampoco puede explotar, a pesar de estar siempre al borde. Es inútil cualquier intento de autocontrol, su cuerpo reacciona al ritmo que yo le marco.

Sufre pero la sensación de placer es directamente proporcional. No sabe si la excitación le causa dolor o el dolor le proporciona la sensación placer.

No puede parar el proceso de ordeño, pero tampoco está seguro de desear que se acabe. No le queda más remedio que abandonarse a mi nueva perversión.

 

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